En tus bordes, las huellas;
leves muecas de perlado gusto,
que hacen a las veces, tus encantos
y los míos propios.
En un gesto de exceso
nuestras miradas trascendían el momento
todo quedaba anulado, en suspenso,
y casi más allá de nuestros cuerpos.
Tu sonrisa revivía hasta mis muertos.
miércoles, febrero 12, 2014
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