Era otoño
y entre los pájaros de cristal
se despedían los milagros de la fuente.
Bajo el solar de la plaza mayor
una niña con mirada de papel madera
incendiaba el reflejo de los automóviles.
¡Sí, la peste era una bendición!
y crecía en sus manos magras
con la palidez de una estrella.
Ella devolvía a la muerte
su antigua gracia de pueblo olvidado.
jueves, mayo 22, 2014
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