Llueven sorderas de antaño, ácidas,
como sutiles marcas de quemaduras;
mientras, la bendita prole de los años
acelera el crecimiento del olvido
para hacer temblar, desde las sombras,
el legado frívolo de las miradas. Ellos,
esos otros que fueron, ya no se hablan
sino con excusas de silencios maduros.
martes, agosto 12, 2014
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