Porque se me ha podrido la espera,
hoy salgo a buscarla hasta dar con ella,
sea dónde sea que se encuentre,
o la encuentre, ya sea que esté indispuesta.
Pues se me han derretido las agujas del reloj
y la bienaventurada soledad
ha dinamitado todas las posibles estaciones.
Hoy, me declaro nuevamente andando,
bajo este cielo roto de bombas que caen;
y la amenaza se me hace más latente,
de hallarme tristemente final, y sin regreso.
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