No tenías que ser más
ni a mí hacerme menos,
sólo saber cuándo ser el arco
y cuándo la flecha,
sin blanco, con todos los objetivos;
a ratos, ser quien tensa la cuerda
y, a ratos, la cuerda misma,
y no esta parte de mí desgarrada
que sólo llegan
donde el ojo le manda.
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